Martes, 10 de enero de 2006
Primer día de universidad en este nuevo año 2006 y primer encuentro con la ley antitabaco, como indican los carteles que dan la bienvenida a todos aquellos que traspasan el umbral que nos separa del saber (en mi caso hablo de la facultad de Ciencias de la Universidad Autónoma de Madrid o UAM).
Al entrar he pensado que los fumadores se saltarían a la torera la ley (que la mayoría de la población tanto ansiaba) pero al avanzar por los pasillo he podido percibir como ese ambiente mezcla de hachís, marihuana y tabaco había casi desaparecido dando paso a un ligero olor a lejía fruto de la constante limpieza a la que se ve sometida (acertadamente, aunque a veces cueste entender las horas a las que se realiza dicha limpieza) la facultad.
Pasear por la universidad sin esa humareda permanente que antiguamente reinaba me ha producido una enorme alegría y una sensación de bienestar que mis pulmones han agradecido enormemente.
Pero, a pesar de tan “idílico” panorama he visto como algunos, en una actitud chulesca y desafiante, no han tenido reparo alguno en fumar allí donde está prohibido. Es una lástima que la gente no tenga el mínimo respeto hacia los demás (puedo dar fe que la mayoría de los fumadores, con más o menos trabajo, intentan respetar a los demás) y blandiendo una bandera de una malentendida libertad nos asfixia con sus cancerigenos humos.
Muchos fumadores hablan de que la ley que se ha puesto en marcha coarta sus libertades como personas, y esta afirmación me parece un despropósito y una aberración, ya que lo único que coarta sus libertades (y las de los no fumadores) es el tabaco.
Analizando el asunto en cuestión, llego a la conclusión que a continuación expongo:

Por: Mario MC | General | Comentarios (0) | Referencias (0)
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