Miércoles, 10 de mayo de 2006
Todos nos hemos imaginado alguna vez un paisaje que consideramos idílico, un paisaje que nos transporta a un estado de plena paz y armonía con nosotros mismos y con lo que nos rodea. La mayoría pensará en playas paradisíacas, en montes verdes y llenos de vida, oasis refrescantes en medio de áridos desiertos, ríos de aguas transparentes que corren a través de inmensos árboles y frondosos bosques…
Yo, sin embargo, pienso en otro lugar, en otro paraje lleno de belleza y de fuerza que me recuerda lo insignificante que es la humanidad y lo maravillosa y poderosa que es la madre naturaleza. Cuando cierro los ojos, lo imagino ante mi, majestuoso, vigoroso, repleto de energía…
En mi mente se dibuja un mar azul y encrespado, bajo un manto gris que llora ligeras chispas de vida, y que allá donde el horizonte se afianza se torna oscuro y tétrico, haciendo saber que lo mejor está por llegar. Veo como rompen las olas en la multitud de piedras que pueblan la costa, y como el rugir del mar llega contundentemente a mis oídos.
El mar es mucho más, lo es todo. Fuente de vida y el más poderoso guerrero.

Por: Mario MC | Divagaciones | Comentarios (0) | Referencias (0)
Tribuna oratoria de un ser unineuronal donde todo tiene cabida. Misterio, ciencia, politica, cine, música, literatura...